Nace Tiny Cosmonauts

Sé que no soy nada original diciendo que la paternidad transforma. También soy consciente de que no a todos nos transforma de la misma manera. Pero en mi caso, tengo que reconocer que fue una experiencia reveladora. No fue como cuentan en las películas, ni lo que dicen familiares, ni vecinos, ni amigos, no fue para nada como me habían contado, ninguno de ellos estaba ni a un millón de años luz de lo que descubriría con mi primera hija, Nora.

El nacimiento de Nora, fue muy duro y doloroso, sí, lo reconozco. No porque mi pareja y yo dejásemos de dormir, de comer y de ducharnos, y que empezásemos a oler a caca y vómitos de bebé, ni el tener que ir a urgencias a las 4 de la mañana por una fiebre… eso, en realidad, fue la parte sencilla. Lo realmente difícil fue convertirse en padre, en un padre consciente. En un padre comprometido con las experiencias, sentimientos, y educación de esa niña que, poco a poco, tras su nacimiento, había ido desmoronando cada una de las piezas que con el tiempo se habían ido colocando de forma inconsciente dentro y fuera de mí y que habían formado mi vida y mi persona.

“Llevo dos hijas sin mirarme al espejo”

Hasta que nació Nora, pocas veces había reflexionado tan profundamente, sobre quién era yo, en qué tipo de persona me había convertido y qué tipo de persona debería estar al lado de esa niña, para que pudiese tomar como modelo. Me preguntaba cómo afectaría en ella el lugar que habíamos elegido para vivir, mi profesión, mis hábitos, mis costumbres y creencias. Y una buena parte parecía estar equivocada o, al menos, a partir de su nacimiento esas piezas ya no encajaban en ese nuevo puzzle. Descubrí de manera natural que necesitaba cambiar muchas cosas para volver a la armonía y necesitaba transformarme.

Esta transformación no fue algo inmediato, para nada, fue fraguando poco a poco. El ritmo parecía ir marcándolo ella, según iba creciendo. Sus etapas de crecimiento y maduración parece que también fueron las mías. Como si de alguna manera, ambos estuviésemos bailando una canción al ritmo que marcaban su vida, sus inquietudes y sus ilusiones.

La primera medida que tomamos en esta gran transformación fue dejar la gran ciudad y venir a vivir a un lugar más tranquilo, más cálido y rodeado de mar. Tuve la suerte de que mi profesión, como muchas otras actuales, puedo desarrollarla a través de internet, lo que nos permitió trasladarnos sin grandes problemas. A día de hoy, creo que es una de las decisiones más importantes y más acertadas que hemos hecho por y para su desarrollo, y el nuestro.

El siguiente gran paso para el cambio tenía que producirse en mi profesión. Es un tema muy amplio que trataré en otro post pero, resumiendo, me gustaría transmitirles a mis hijas (que ya son dos) la imagen de un padre creativo y feliz, que disfruta con su trabajo, que se esfuerza por llevarlo a cabo y que lucha por convertir sus sueños en realidad. Y durante el proceso, además, hacerlas partícipes de estas creaciones para que imaginen, sueñen y se diviertan aprendiendo.

De todas estas premisas y transformaciones nace Tiny Cosmonauts, junto a un equipo de inquietos diseñadores, ingeniosos dibujantes, habilidosos animadores y locos músicos. Unidos y movidos por la ilusión, el aprendizaje, el juego, la diversión y el trabajo hecho con amor.

Hoy, además de este streaptease emocional, quiero compartir con vosotros el primer sueño alcanzado, nuestro primer juego, Tiny Trees.

Entra y descúbrelo en:

www.tinycosmonauts.com

Foto: Nerea Serrano Jiménez

Publicado por

Chema Juárez

Programador independiente (y fisioterapeuta en una época pasada), enfocado en el desarrollo de juegos, aplicaciones móviles y web. Fanático de la ciencia ficción y los videojuegos. Guitarrista de los ya extintos Nuevenoventaicinco. Y padre de las dos personas más bellas del mundo. La máquina funciona bien.

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